| Génesis House (la casa de génesis) en Chicago es donde unas mujeres que estaban en la prostitución están recibiendo la oportunidad de cambiar sus vidas. Están invitadas a esta casa de liberación, dadas la bienvenida, y reciben el cuidado de personas amables. Cada una de las mujeres es tratada y es relacionada como un humano que tiene la dignidad. Por primera vez hace mucho tiempo ellos reciben la oportunidad de vivir libre de violencia, libre de manipulación, liberadas de las calles que habían sido su prisión. Por primera vez hace mucho tiempo reciben una oportunidad de hacer sus propias decisiones.
Uno de las oportunidades que estas mujeres tienen es la oportunidad de venir a Wisconsin del noreste, a una casa de retiro, una casa a un rancho, The Bridge Between Retreat House. Allí experimentan aceptación incondicional, la belleza del campo de Wisconsin, y de la calma del campo. Allá ellos reciben la gentileza, el adoro, aceptación, y se relacionan como personas de dignidad. Período. No están juzgadas para sus pasados.
Así, en el caso donde algunos de ustedes piensa que Jesús exageraba, deseo que sepan que hay mujeres que fueron prostitutas, y ahora experimentan la gracia de conversión, la gracia del perdón, inclusive perdonar a si mismas. Reconociendo los desperfectos profundos, la oscuridad profunda, el pecado profundo de sus vidas y permitiendo que Dios entra el más profundo, lo más oscuro, la mayoría de las partes defectuosas de nuestra vida: Es así que el pecador, la prostituta, el publicano, y todo los que habían sido últimos, son ahora primeros
Si nosotros nunca permitimos a Dios en nuestra experiencia pecadora, nuestras decisiones pecadoras, ¿cómo jamás podemos pensar que podamos ser perdonados? El venir a la iglesia, y no creyendo que Dios pueda curarte, está como decir sí, y entonces no completas el compromiso. El pensamiento que hemos sido indignos para recibir el amor de Dios y el perdón, y entonces decidiendo dejar entrar Dios, está como decir que no, pero entonces cambiando o convirtiendo la mente y el corazón.
He oído muchas confesiones con el paso de los años, y muchos en los pasados tres meses aquí en S. Willebrord. Algunas personas vienen con un deseo verdadero y profundo abrir a sí mismo a Dios y hay la confianza que pueden ser perdonados y curados. Algunos me parecen que la confesión, es no más de una obligación, o, piden perdón porque del temor, o piensan de una falsa esperanza que algo mágico quizás ocurra. Lo que fallan de reconocer es la necesidad de invitar a Dios en su vergüenza más profunda, sus pecados más profundos y fijarse que Dios puede curar y los puede perdonar.
Sea posible que algunos, aún muchos de ustedes, piensen que yo no estoy hablando de ustedes. Hay aquellos que piensan “he dicho yo, sí, y entonces completé mi obligación”. Así, pues, me alegro con ustedes. Y entonces pregunto: ¿Cómo lo han demostrado ustedes? O, ¿han hablado a otros acerca de esta verdad la que saben y creen ustedes? De Hecho no podemos mantener esta Buena Noticia a nosotros mismos. La debemos compartir. La Buenas Noticia no es dirigida sólo para nosotros. Es para todos. Las mujeres que eran prostitutas merecen y deben oír de estas buenas Noticias. Hay que compartir esta Buena Noticia porque de la necesidad del alcohólico y el drogadicto para que oigan y cambien. Las personas que viven con la culpa o la vergüenza para algo lo que hicieron, o porque alguien los dijo que fueron no buenas, haya la NECESIDAD de oír estas buenas Noticias.
No hay tiempo de sentirse satisfecho de sí mismo, para pensar, "conseguí mío, así que no me importan a los demás". ¡NO! Tenemos una responsabilidad compartida. Quizás las palabras de S. Paul nos dice lo que debemos reconocer: Nada hagan por espíritu de rivalidad ni presunción; antes bien, por humildad, cada uno considere a los demás como superiores a sí mismo y no busque su propio interés, sino el del prójimo. El egoísmo es el gran pecado de los Estados Unidos y las personas que viven aquí. Sea posible que egoísmo no sea nuestro propio pecado, sin embargo, vivemos en esta ambiente. Debemos enfrentar la realidad. Y la mejor manera de sobrepasarlo es de compartir La Buena Noticia con su prójimo, y con las prostitutas, y con los pecadores, y con ésos quien hemos empujado a los márgenes de la sociedad. Merecen oír lo que hemos venido a saber: Que somos adorados por Dios, que somos perdonables y Dios QUIERE perdonarnos.
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